| 05/12/2019

Entrevista a la periodista Esma Kucukalic

Con motivo de la fiesta solidaria 'Loco Festival' en favor de ACNUR y los refugiados, parte del alumnado de 4º de ESO del Colegio Parroquial Don José Lluch entrevistan a la periodista Esma Kucukalic

Julia San Frutos, Heidi Canales, Llanos Tortajada y Luis Herrero realizan un interesante encuentro con la periodista internacional donde ésta les cuenta su experiencia como refugiada.

 

Corría el año 1992 cuando Esma Kucukalic (Sarajevo) vivió en primera persona lo que significa ser refugiada durante la guerra de los Balcanes (Bosnia y Herzegovina). España, con una situación económica complicada y una importante tasa de paro, acogió a más de 2.500 refugiados. Gracias a aquella iniciativa hoy Esma forma parte de nuestra sociedad y actualmente ejerce de periodista y colabora activamente con ACNUR.

 

  1. Cuando una persona decide escapar de su país es porque está viviendo una situación límite ¿cómo puede afrontarlo y qué le dirías a aquellas personas que actualmente están sufriendo lo mismo que tú sufriste con 9 años?

 

Ante todo, quiero agradeceros esta entrevista y felicitaros por las interesantes preguntas. Veo en vosotros un gran potencial periodístico. En referencia a vuestra cuestión, nadie deja su casa si lo que está sufriendo es peor que lanzarse a lo desconocido. Este instinto de protección y supervivencia lo demuestran a diario millones de familias que lo arriesgan todo, incluso la vida, por poner a salvo a sus hijos. Huyen de realidades terribles: guerras, balas, bombardeos, hambre, violaciones y la desprotección absoluta. Es una realidad constante en todas las guerras a pesar de que cada una es distinta. Cuando se ven obligados a abandonar sus casas, porque recordemos que una persona refugiada nunca decide voluntariamente irse de su casa sino que se ve obligada a ello –cuando esto ocurre- lo que espera es comprensión y una mano tendida en el lugar de destino. La mano tendida es la diferencia entre fallar o conseguirlo, entre la vida y la muerte, y eso lo tenemos que tener presente. ¿Qué les diría a las personas que hoy atraviesan lo que me tocó a mí con 9 años? Que los sueños se cumplen mientras hay esperanza, que la realidad nunca destruya su esperanza.

 

  1. En 1992 la situación económica de España no era buena e incluso las tasas de paro eran muy altas. ¿Qué crees que ha cambiado en la sociedad y a nivel político para que actualmente existan tantas trabas a la hora de acoger a gente que se encuentra en una situación de extrema gravedad?

 

Las trabas en aquel entonces también fueron grandes. El sistema de acogida en España apenas ha cambiado. En aquel momento se produjo una solidaridad enorme de gente normal y corriente que se movilizó y quiso ayudar, y hubo una voluntad política de dejar entrar un pequeño grupo de refugiados que hoy no hay. Así llegamos nosotros. Aunque nuestro día a día recayó en esas mismas personas que decidieron ayudarnos en vez de en la administración que es la se debe hacer cargo.

Creo que es muy importante no perder el relato de las personas refugiadas que vienen. ¿Qué quiere decir esto? Normalmente, en los telediarios, en las noticias vemos tratada la situación de las personas refugiadas no como una cuestión de derechos humanos sino como un problema. Es el mensaje dominante. La avalancha de refugiados, pateras que nos invaden, crisis…, y pocas veces nos explican por qué huye la gente, nunca nos dan sus nombres, rara vez nos cuentan que son iguales que nosotros pero que han tenido la desgracia de experimentar una guerra, tal y como les ocurrió a vuestros abuelos o bisabuelos. Mi vida en Sarajevo, antes de la guerra, era perfecta. Era una niña como vosotros, con una casa, una familia, una infancia feliz, viviendo en una ciudad cosmopolita y abierta. De la noche a la mañana, toda esa vida desapareció. Mi casa, mi escuela, mi padre, mis amigos, mis tíos. Estalló una guerra y nos convertimos en refugiados. Si nuestros políticos cumplieran con sus compromisos de protección de las personas refugiadas, tal y como les obligan las leyes internacionales, escucharíamos menos discursos de odio hacia las personas que vienen a nuestros países intentando poner a salvo su vida, porque lo que hacen no es una invasión sino acogerse a un derecho fundamental recogido por las Naciones Unidas. Si lo viéramos así, seguramente se habrían producido muchas menos muertes en el Mediterráneo, y muchos de esos niños hoy estarían jugando en nuestros patios de colegio.

 

 

  1. Tenías 9 años cuando llegaste a Valencia ¿cómo fueron los primeros días en un país con un idioma, unas costumbres y cultura diferente a la tuya?

 

No fueron fáciles. No hablaba nada, pero cuando eres una niña las cosas se sobrellevan. Eres una esponja. A los 3 meses había aprendido ya el idioma, iba al colegio y estudiaba como los demás compañeros de clase. Recuerdo con especial dureza las veces que tuve que cambiar de colegio. Ocho veces en cuatro años. Eso no es fácil para una niña o una adolescente. Experimenté algunos casos de burlas o insultos por venir de un país de guerra o por tener un nombre “raro”. También la tristeza de la pérdida de familiares y amigos en la guerra, de no tener a tíos o abuelos cerca, de la inseguridad o inestabilidad que supone ser refugiada. Por suerte, siempre tuvimos a gente extraordinaria a nuestro lado que nos hicieron las cosas mucho más fáciles en todos los sentidos, y que hoy en día siguen siendo amigos y los siento como familia. Pero, sobre todo tuve a mi madre y a mi hermana que fueron un manto de amor, ternura y esperanza permanente para hacer más llevadera la realidad.

 

  1. Tú padre decidió quedarse en Sarajevo y poco después murió como consecuencia de la guerra. Actualmente ¿cuál es la situación de tu país?

 

Solemos pensar que cuando se firman los acuerdos de paz desaparecen todos los problemas y las consecuencias que deja un conflicto bélico. Pero nunca es así. España es un ejemplo, pues 80 años después sigue sufriendo las heridas de la guerra. En mi país, han quedado grandes cicatrices. Más de 100.000 muertos y 2 millones de desplazados. La mitad nunca pudieron regresar. La totalidad de las familias ha perdido a uno o varios seres queridos. Luego llegó una paz a través de un acuerdo internacional pero nunca trajo la verdadera pacificación porque los verdugos nunca pidieron perdón por sus atrocidades y porque las víctimas siguen esperando justicia. A pesar de la difícil situación política, económica e institucional -porque Bosnia y Herzegovina tiene una estructura bastante compleja- hay gente joven como vosotros naciendo, creciendo y quedándose en el país. Gente de diferentes etnias y credos que está dispuesta a construir un país que mire al futuro y donde quede atrás para siempre la guerra. Ojalá lo consigan pronto.

 

 

  1. ¿Volverías a residir en tu país?

 

Sigo vinculada a Bosnia y Herzegovina estrechamente, como periodista, como analista y como ciudadana. Sólo que ahora, a pesar de mi dura experiencia soy doblemente afortunada porque tengo dos países que siento como míos, Bosnia y España.

 

  1. Actualmente, existen infinidad de alternativas para poder ayudar a los refugiados, ¿qué labor lleva a cabo ACNUR y de qué forma podemos ayudar desde aquí?

 

En nuestro caso, la labor de ACNUR fue una cuestión de supervivencia. Desde su ayuda sobre el terreno, su apoyo a los refugiados en los campos, a la reunificación de las familias… pero hay una gran labor que hace ACNUR y que atañe a los no refugiados, y es concienciar. ACNUR lanza campañas como ésta en la que estáis participando, acercándoos una realidad que le puede tocar a cualquiera y nos explica las vías para ayudar como personas responsables. No todo es una cuestión económica, aunque ésta es una parte fundamental. Es la solidaridad la que mueve montañas. En mi caso, la solidaridad del pueblo español, del pueblo valenciano, de gente como vosotros significó sobrevivir. En vosotros está ahora lanzar esa mano tendida a otros refugiados y darles así la oportunidad de vivir. Esa oportunidad es la que marca la diferencia entre la humanidad y la barbarie.

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